Ramón Díaz es alguien particular para River Plate. Técnico multicampeón como jugador y técnico de ese club, mantiene una imagen de ganador eterno (en consecuencia amado por los hinchas); es, para los dirigentes de tiempos pasados y actuales, un problema serio. Especialmente cuando declara. Y cada vez que lo hace, saben los militantes riverplatenses, produce daño. Al que esté en ese momento, no importa quién. Los que conocen los pasillos del Monumental tienen una frase sobre Ramón: “sabe pegar donde duele”. Lo cual puede ser una virtud. Quizá por la negativa.
Algo parecido (salvando lo de multicampeón) se vivió esta semana en la economía argentina.
La batalla cultural entre Javier Milei y Luis “Toto” Caputo contra Domingo Cavallo tuvo esta semana un nuevo round. Por lo que se viralizó en redes, se percibió que el conflicto de fondo podría haber estallado por la calificación de “trader” con la que el ex ministro de Economía describió al actual mandamás del Quinto Piso del Palacio de Hacienda, allí donde Cavallo vivió sus mejores, y quizá peores, años como político argentino. Este describió a Caputo como “un trader que no tiene ninguna teoría; enfoca por un lado y, si no sale, va por el otro”, completando el brainstorming agregando que “no tiene un esquema o base conceptual con la que razona”. Y para completar su maldad, y recordando que pasan los años pero sigue siendo el más picante cuando quiere, Cavallo recordó en el canal AhoraPlay que esa descripción obedecía a un concepto que había volcado el propio Javier Milei en su intervención de siete días antes en el encuentro de Expoefi.
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Para tener en cuenta el calibre de la afrenta, se debe mencionar que en la “profesión” de economistas un trader es alguien que opera comprando y vendiendo productos del mercado de capitales, de aquí, afuera y más allá; pero que no sabe de cuestiones estructurales de mediano y largo plazo. En definitiva, alguien de menor valor laboral e intelectual.
No sorprendió entonces la embestida conjunta del Presidente y su ministro. Fue Caputo el más directo, que escribió en la red X: “Estimado Mingo, si hay resentimiento, tratá que no se note. Por una situación económica mucho más sencilla de solucionar, terminaste imponiendo un corralito e inventaste el siniestro impuesto al cheque. Has hecho un culto de violar la propiedad privada, generando una desconfianza en la gente que seguimos purgando hoy”. Para completar diciendo que “y porque soy respetuoso, prefiero no contar los disparates que me sugeriste los dos primeros meses de mandato. Además de tus errores, por no decir HORRORES de pronósticos”.
Queda para la amenaza de publicar cuáles serían esos horrores, pero seguramente estén relacionados con cuestiones de aplicación de recetas keynesianas, una herejía para el padre nuestro liberal.
Sin embargo, lo que verdaderamente dolió fue otro concepto del ex ministro. Cavallo, que sabe pegar donde duele, puso sobre la mesa, en la misma entrevista, tres conceptos que apuntan a la mayor debilidad que puede mostrar el esquema libertario para el futuro cercano. Más concretamente, para el segundo semestre.
* “No vas a parar una corrida cambiaria si no tenés reservas”.
* “Se sabe que el Banco Central no tiene divisas propias para parar una corrida”.
* “Cuando tenga acumuladas US$10.000 millones de reservas netas, ahí sí va a tener capacidad de intervenir para parar una corrida cambiaria”.
Y completó su panorama lapidario asegurando que hasta que ese número de dólares no esté a la vista, no bajará el riesgo país, Argentina no podrá salir al mercado voluntario de deuda financiera internacional y no habrá tranquilidad para llegar a las elecciones presidenciales de 2027.
Y como estiletazo final, Cavallo dejó una recomendación imposible de aplicar en el mundo financiero, cambiario y político de estos tiempos. “La liberalización del cepo es indispensable para normalizar la economía. No se puede levantar totalmente el cepo si el Banco Central no tiene suficientes reservas para enfrentar eventuales corridas”.
Se sabe que este es un debate entre excolegas de Milei y, también, por qué no, de Caputo (pese a su pasado de trader), sobre la conveniencia de liberar el cepo cambiario residual. El que verdaderamente importa en realidad, por los potenciales montos de la demanda de divisas que generaría, es el que prohíbe el acceso a los dólares para las empresas multinacionales (y alguna local) para que puedan girar dividendos hacia sus países de origen (o plazas cercanas) según los ejercicios de años anteriores.
Cualquier economista especializado en sumar y restar sabe que no hay dólares para esta aventura con final inesperado. Sobre todo Cavallo, que ha habitado ese Quinto Piso con la intensidad de nadie y que desde afuera puede recomendar decisiones que desde adentro son política, fáctica, financiera y económicamente imposibles de aplicar. La apertura del cepo final es una de ellas. Al menos hasta que no haya reservas suficientes.
Y hoy no las hay, pese a que en lo que va del año el Banco Central ya compró más de U$S 7.000 millones, pero pelea por superar los U$S 46.000 millones de reservas, manteniendo un resultado neto negativo.
El ex ministro, que no pierde su capacidad de daño cuando quiere, expuso a cielo abierto el problema más serio del plan económico. No hay dólares en las reservas para enfrentar una inestabilidad cambiaria, y mucho menos una apertura del cepo.
En definitiva, el peligro futuro de una embestida contra el tipo de cambio para vencer en una corrida cambiaria no está asegurado; con lo cual, hay que limitar la cantidad de pesos circulando al máximo. Algo que luego trae la consecuencia socialmente más compleja de todas: sin pesos circulando (de los sanos, de los que tienen respaldo), no hay manera de que una recuperación de la economía pueda ser lo suficientemente sólida en el tiempo como para que las familias argentinas comiencen a vivir una mejora, sentirse parte de la salida de la crisis y empezar a creer que el esfuerzo pasado tiene relación con un futuro mejor.
Y en medio de este problema, una inflación chúcara que se mantiene en niveles de perforación negativa de la capacidad de compra de los salarios de los trabajadores en relación de dependencia públicos y privados, monotributistas, los sufridos autónomos y los “en negro” en todas sus variantes.
Sabe toda la profesión, incluyendo a los tres protagonistas de esta historia (Milei, Caputo y Cavallo), que ahí está el nudo actual. Y futuro. El BCRA no tiene suficientes dólares para enfrentar una eventual crisis, faltan divisas para pagar la totalidad de la deuda y, luego, no está claro que los efectos positivos de la realidad actual deriven en su sostenimiento del plan económico a mediano y largo plazo.
Y que el clima mejore lo suficiente como para que en octubre del próximo año, cuando los argentinos vuelvan a las urnas, crean que lo que viene es mejor que lo que hay. Y que reelijan a Milei.
Esto lo sabe Cavallo. Y, poniéndose el traje de Ramón Díaz, habla y produce el daño necesario. Donde duele. A Caputo, o a cualquiera que esté manejando el Quinto Piso del Palacio de Hacienda. Decir que un ministro no tiene fuerza para manejar una corrida, y dar los argumentos (bastante sólidos, por cierto), es pegar en el lugar adecuado para ejecutar cierto daño.
Ahí se entiende entonces el porqué de la contestación rápida, sólida e historiográfica del Presidente y Caputo.
El contrapunto se concentra en la velocidad de recuperación de las reservas (que se vería lenta) y la necesidad de cumplir con la meta pactada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de lograr un acumulado de U$S 8.000 millones más en el Banco Central para fin de año. Ritmo que no se estaría cumpliendo.
Según la visión de Cavallo, para que esto se logre debiera haber una liberación más firme de la política cambiaria, incluyendo una apertura total del cepo a empresas. Esta es precisamente la observación cavallista que enfureció a Milei y luego a Caputo, y que llevó la discusión al terreno de las redes.
Lo demás, la calificación de trader, es una anécdota. Sobre todo si se tienen en cuenta los antecedentes de otros ministros de Economía con chapa de todo tipo, que han producido desastres en la estructura productiva del país.
La batalla contra “el Mingo” continuará. Incluyendo a los que se atrevan a subirse a la teoría cavallista de la imposibilidad de enfrentar corridas.




